EL JUEGO DE LAS CONVENCIONES SOCIALES

Existe un convencimiento generalizado en el que caemos todos y por el cual España se declara como un paĂs no racista. Echando la vista atrás, con nuestra historia reciente como paĂs emigrante y siendo en la actualidad un estado receptor de gentes de otros paĂses, algunos apuntes de desconfianza (cuando no de xenofobia pura y dura), han calado en la sociedad.

La otra parte de esta historia viene por cuenta nuestra. La convivencia, basada en el respeto, tiene que ser una prioridad. Por ello, herramientas como las que ponen en marcha algunas asociaciones, son de gran utilidad. El hecho de que estas entidades ayuden a los inmigrantes a insertarse en la sociedad que les acoge, prestándoles ayuda y consejo a la hora de acceder a una vivienda, es una tarea que no tiene precio.
Naturalmente hay problemas. Ya hemos comentado que la incomunicación y la nula integración que algunos muestran deben ser obstáculos a salvar, pero estamos al principio de esta senda en la que todos vamos caminando en busca de ese futuro mejor. Para ellos y para nosotros. Es lastimoso ver a personas durmiendo al raso, sin una oportunidad. Una oportunidad que algunos de nuestros parientes sà tuvieron... no hace mucho tiempo.
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