Verano nuclear

¿Y si el mundo se encontrara cubierto de nieblas perpetuas?
Entonces el ser humano no hubiera necesitado desarrollar el sentido de la vista, ver quĂ©, si el mundo no permite percibir lo situado a más de un palmo de distancia. No existirĂa el paisaje, ni el horizonte, ni los astros que penden del cielo, ni la visiĂłn en profundidad, ni los estudios pictĂłricos, y sus habitantes habrĂan tenido que adaptarse, tal vez desarrollar el oĂdo o algĂşn otro sentido que nos es, a dĂa de hoy, desconocido.
Si el mundo se poblara de nieblas asĂ, de repente, el ser humano inadaptado se encontrarĂa desorientado, perdido, tal vez incapaz, en un primer momento, de desarrollar las actividades que antes componĂan su vida. HabrĂa que inventar una vida nueva, podrĂamos decir. Reinventarse o morir.
El sol serĂa un bien escaso. Tal vez de ese modo el ser humano comprenderĂa su importancia, tal vez la vida se reducirĂa a lo más básico y verdaderamente importante. Tal vez el tiempo se detuviese; el tiempo es tan caprichoso que si no se lo tiene en cuenta se achica y se disuelve como un azucarillo; y no existirĂan las horas si todo estuviera cubierto de nieblas, y tal vez los humanos serĂan peregrinos nĂłmadas buscando encontrar por casualidad una razĂłn para seguir vivos, y tal vez la escasez de luz convertirĂa todo nuestro entorno en un páramo interminable del que, por otra parte, no serĂamos conscientes al no poder percibirlo.
Posiblemente el mundo se terminarĂa apagando. Se está apagando, de todas maneras, a pesar de la luz y del sentido de la vista. Aunque, si el mundo consiguiera sobrevivir entre nieblas, si un puñado de nĂłmadas solitarios lo recorrieran más por instinto que por interĂ©s, algunos aspectos positivos terminarĂan por destacarse...

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