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!Viva la Pepa, mi “Cai” y el sursun corda!

Félix Arbolí [colaboraciones].-

Estamos en un mes de celebraciones, donde en épocas anteriores se acababan nuestros problemas económicos al culminar la empinada cuesta que duraba desde mediados de enero a últimos de febrero. En estas fechas de aquellos años ya olvidados, recuperábamos el sosiego, llenábamos nuestros frigoríficos vacíos y empezábamos a preparar la ropa veraniega como preludio de una primavera, cuyos primeros brotes verdes, eran ya visibles.

En este mes, que aún no ha finalizado, hemos celebrado un 8 de marzo, como “día de la mujer” –me resigno a diferenciarla entre trabajadoras y amas de casa-; honramos a las víctimas del tristemente célebre, “ll-M”, aunque hayan intentado minimizarla los sindicatos y algunos grupos políticos convocando en ese mismo día una manifestación por tal causa improcedente y festejaremos como se merece el segundo centenario de nuestra querida “Pepa”, la primera Constitución que tuvo nuestra Patria, en momentos muy difíciles y comprometidos de su Historia.

Lo haremos, como es de ley y de justicia, en la tierra donde se redactó y proclamó: San Fernando y Cádiz o viceversa, tanto monta, monta tanto. No me detengo en el día del padre y los Pepes y Pepitas qua abundan en todas las familias, porque en los tiempos que corren todo lo que huele a santos y progenitores resulta algo obsoleto.

De pequeño, viviendo en la Isla, nunca pensé que ese Teatro llamado de las Cortes, sin nada externo que destacara su importancia histórica, fuera monumento nacional y glorioso testimonio de una época donde la única España libre del dominio napoleónico, abarcaba a solo dos localidades: la de Cádiz, capital y su cercana Isla de León, actual San Fernando. Y ello es algo que nadie puede rebatirme. Los franceses no llegaron más allá del Puente Zuazo, que era la única entrada posible a la ciudad isleña.

Allí, en terrenos de las numerosas salinas existentes, quedaron hundidos en el barro los gabachos y los salineros, sus mujeres y los ciudadanos disponibles en la localidad los remataron y vencieron con toda clase de armas disponibles. No pudieron adentrarse más.

Eran los últimos reductos que les quedaban, pues todo el resto era ya feudo francés, aunque teniendo que soportar una dura y terca guerra con los ciudadanos y guerrilleros que se les enfrentaban en todas partes. Toda una tragedia a causa de la vergonzosa cobardía de Carlos IV y su hijo Fernando VII, el indeseable.

“TEATRO DE LAS CORTES” Y DEVANEOS AMOROSOS

Con ocasión de esta efemérides, me viene a la memoria este “Teatro de las Cortes”, convertido en cine, que ignoro si lo siguen llamando así, al que asistía con asiduidad a las películas en blanco y negro y primeras de color que nos llegaban de Hollywood y de la española “Suevia Films”, de Cesáreo González que era la que entonces dominaba nuestra industria del celuloide.

En las tardes domingueras se daban las llamadas sesiones infantiles, a base de películas del Oeste y de los hermanos Marx u otras parecidas, siempre controladas por “mamá censura”, a las que iba siempre con la “novieta” de turno y ocupábamos la última fila, llamada “de los mancos”, porque no se veían las manos de las parejas dedicadas a juegos amorosos y experiencias pasionales.

La única pega era tener que soportar los gritos de entusiasmo y los tremendos abucheos de los muchos críos que también se daban cita en esta maratoniana sesión de cuatro largas horas. ¡Cuánto echo de menos esos momentos de oscura intimidad! Cuando salíamos nos hallábamos bajo los efectos de un acaloramiento difícil de disimular, temblorosos y sin atrevernos a mirar a los demás, ya que pensábamos iban a notar nuestra procedencia y las consecuencias de nuestra desatada pasión.

Como el que sale de una dura contienda, en este caso, amorosa. A veces, ella me esperaba dentro en el sitio acordado. Me acuerdo de las quinceañeras que me hicieron experimentar tan maravillosas experiencias y momentos. De las películas, sólo veía sus títulos, ya que no mirábamos mucho a la pantalla. Ir a esta sesión dominical era un enorme aliciente en esos años que carecíamos de alternativas.

ÚNICA TIERRA SIN SER MANCILLADA POR LOS FRANCESES

En estas fechas, la efemérides es el día 19, ese lugar de mis primeras sensaciones íntimas y sentimentales será el fastuoso e imponente escenario de una celebración a escala Real, ya que no me cabe duda que asistirán los Reyes y Príncipes. Espero que se haga como Dios y la Historia demandan y Cádiz y mi entrañable Isla, donde transcurrieron los mejores años de mi infancia y juventud, sean honradas y reconocidas a nivel nacional como la única tierra de España no mancillada por la bota napoleónica.

Sin olvidar que fue la cuna de nuestra primera Constitución progresista y liberal que abolió el absolutismo y la tiranía al devolver al pueblo su soberanía. ¿Sabían que “liberal” fue un término que se usó por primera vez en esta Constitución y en Cádiz y a partir de entonces se extendió e impuso al resto del mundo?

También fueron los gaditanos los autores de la palabra “cursi”, con la que designaban a esa élite afrancesada y amariconada de la sociedad de entonces y a aquellas jóvenes que sin tener nada, intentaban aparentar lo contrario. No todo ha sido Carnaval y flamenco en los anales de mi tierra.

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