Todavía estaba vivo [Memento Mori]
José Antonio Sanduvete [colaborador].-
Cuando comprobó que era una figura dibujada en un lienzo, no supo cómo reaccionar. Siempre había pensado en aquellos seres de dos dimensiones como elementos inertes, hieráticos, incapaces de sufrir, de sentir o padecer. Entonces, ¿por qué estaba él allí?
Un secundario en una composición de tema bélico. No podía haber elegido peor situación para tomar conciencia. A su derecha, el hábil pincel del artista había retratado la peor cara del ser humano. Crueldad, desolación, una colina yerma, sin vida, sembrada de cadáveres y restos humeantes de la batalla. A su izquierda, nada aún. Era extraño ver que el mundo se acababa diez pasos más allá, y se perdía en un blanco difuso como de neblina impenetrable.
"El lienzo aún no está terminado", pensó. Sintió curiosidad. "Cómo será. Una escena aún por crear y yo ya siendo consciente de pertenecer a ella... algo así como ser testigo de la creación del mundo...".
A su alrededor solo había muerte. Ni un gemido de dolor de un agonizante, ni una respiración entrecortada, ni una apagada llamada de socorro. Debía de ser la única forma de vida en aquel mundo plano.
Se preguntó qué hacer. Qué se hace cuando el mundo a tu derecha solo ofrece desolación y a tu izquierda se extiende un lienzo en blanco. Entonces caminó hasta el borde del mundo, hasta donde se iniciaba el desierto de tela virgen. Se rascó la chaqueta hasta desprender unas porciones de óleo, todavía fresco. Se agachó y, con el dedo, dibujó una flor. Una pequeña y frágil flor silvestre en el escenario arrasado de una batalla. Ya no era el único ser vivo en su mundo. Dibujaría más flores, tal vez alguna brizna de hierba, con paciencia tal vez llegara a crear, con el óleo que daba forma a los muertos, un bosquecillo, unos pájaros, tal vez un semejante...
El trabajo sería agotador. El horizonte blanco se extendía hasta el infinito. Pero pensó que no importaba. Llegaría hasta donde pudiera llegar. Dejaría que Ítaca fuera el camino. Tenía todo un mundo que dibujar y un lienzo en blanco para hacerlo.
Y todavía estaba vivo...
Cuando comprobó que era una figura dibujada en un lienzo, no supo cómo reaccionar. Siempre había pensado en aquellos seres de dos dimensiones como elementos inertes, hieráticos, incapaces de sufrir, de sentir o padecer. Entonces, ¿por qué estaba él allí?
Un secundario en una composición de tema bélico. No podía haber elegido peor situación para tomar conciencia. A su derecha, el hábil pincel del artista había retratado la peor cara del ser humano. Crueldad, desolación, una colina yerma, sin vida, sembrada de cadáveres y restos humeantes de la batalla. A su izquierda, nada aún. Era extraño ver que el mundo se acababa diez pasos más allá, y se perdía en un blanco difuso como de neblina impenetrable.
"El lienzo aún no está terminado", pensó. Sintió curiosidad. "Cómo será. Una escena aún por crear y yo ya siendo consciente de pertenecer a ella... algo así como ser testigo de la creación del mundo...".
A su alrededor solo había muerte. Ni un gemido de dolor de un agonizante, ni una respiración entrecortada, ni una apagada llamada de socorro. Debía de ser la única forma de vida en aquel mundo plano.
Se preguntó qué hacer. Qué se hace cuando el mundo a tu derecha solo ofrece desolación y a tu izquierda se extiende un lienzo en blanco. Entonces caminó hasta el borde del mundo, hasta donde se iniciaba el desierto de tela virgen. Se rascó la chaqueta hasta desprender unas porciones de óleo, todavía fresco. Se agachó y, con el dedo, dibujó una flor. Una pequeña y frágil flor silvestre en el escenario arrasado de una batalla. Ya no era el único ser vivo en su mundo. Dibujaría más flores, tal vez alguna brizna de hierba, con paciencia tal vez llegara a crear, con el óleo que daba forma a los muertos, un bosquecillo, unos pájaros, tal vez un semejante...
El trabajo sería agotador. El horizonte blanco se extendía hasta el infinito. Pero pensó que no importaba. Llegaría hasta donde pudiera llegar. Dejaría que Ítaca fuera el camino. Tenía todo un mundo que dibujar y un lienzo en blanco para hacerlo.
Y todavía estaba vivo...






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