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El animal más salvaje



Félix Arbolí [colaboraciones].-

El ser humano es el único que mata por diversión. El resto lo hace en defensa propia, de los suyos, su territorio o saciar sus necesidades alimenticias. Si no se dan estas causas, respetará la vida de los que se cruzan en su camino y no le suponen amenaza alguna.  Ningún animal mata a otro por el  simple hecho de hacerle sufrir. El hombre, que dicen es la única criatura que tiene sentimientos, sí. A los otros, los llamamos fieras salvajes, nosotros somos los inteligentes y civilizados.

Matamos a través de cacerías absurdas, donde el dinero y la vanidad cuestionan  todo tipo de consideraciones y principios. Por el simple hecho de demostrar nuestra pericia en el macabro “arte” de verlo revolcarse, sufrir  y morir. Es la manera que tenemos de hacer ostensible nuestro poder de decisión sobre su vida y su muerte. Un simple capricho. 

Este derroche de cretinidad debería ser un delito más que una proeza y una vergüenza más que un mérito. Que me perdonen los amantes de este “deporte!”,  que consiste en el asesinato alevoso y taimado de una criatura que tiene tanto derecho a la vida como el que empuña y dispara la escopeta.  

La crueldad humana no tiene límites, ni fecha de caducidad. Me llegan videos espeluznantes que me dejan indignado y abrumado. Son difíciles de asimilar y entender. Nunca justificar. Seres atados, hincados de rodilla y degollados cruelmente, ante una plebe regocijada y entusiasta, donde no escasean los menores, proclamando su fe en un Dios que jamás podría permitir tales crímenes en su  nombre, siendo como pregonan el justo y misericordioso.

 BARBARIE Y ODIO

Mujeres lapidadas, incluso por sus propios familiares, por un desliz  o error que solo merecería una reprimenda en cualquier país donde el hombre no se crea una especie de dios humanizado. Niños cubiertos de explosivos que lanzan sus propias madres como bombas humanas contra los que no invocan a Dios bajo el mismo nombre.

Escenas llenas de horror que dañan la sensibilidad y avivan los rencores, y que ellos transmiten ufanos y orgullosos a través de las redes sociales. Como si la barbarie, el odio y el sufrimiento ajeno fueran cánticos de alabanza al Creador.

Si hay algo que siento y me avergüenza es la época de nuestra Inquisición, donde se cometieron horribles torturas. Matar en nombre de Dios es el mayor sacrilegio que podemos cometer. Yo jamás podría creer en un Dios que permitiera tales infamias y barbaridades. 

Hay muchas clases de torturas. A veces un bestia –no se puede llamar persona-, golpea salvajemente a su mujer e hijos con saña,  sabiendo donde puede causar más dolor  y sin el menor atisbo de humanidad. Incluso se ceba cruelmente contra la madre ante la presencia de sus propios hijos que lloran impotentes y aterrorizados. En tales casos me gustaría hallarme cerca de ese desalmado y ofrecerle la misma “medicina”, incluso en mayores dosis. Lo haría, aunque acabara siendo el más dañado.

JUGARSE LA INTEGRIDAD FÍSICA

Hay causas por las que merece la pena jugarse la integridad física. Y hasta en el supuesto de que la víctima fuese un animal indefenso. Ya de pequeño, tendría unos doce años, en Cádiz, me expuse a recibir un duro castigo al oponerme a los golpes y patadas que dos críos de mi edad, aproximadamente, daban a un cachorro perruno.

Me enfrenté a ellos al no poder resistir la salvajada de esos futuros maltratadores que, ajenos a los alaridos de dolor del pobre animal, lo golpeaban y pateaban. Me lié a carpetazos y reglazo con ellos, chillándoles como un histérico, hasta lograr que se fueran acobardados. Ya en frío, me di cuenta de mi arriesgado proceder. La intervención posterior de una señora salvó al perrillo de una dolorosa y segura muerte. 

No soy hombre que huye del enfrentamiento personal cuando se trata de defender una injusticia o un acto de crueldad, aunque sepa a lo que me expongo. Es algo instintivo. Soy pacífico por naturaleza, pero cuando se me desatan los nervios, no hay fuerza o razón capaz de contenerme. La huida del posible enfrentamiento por una causa justa, puede ser medida recomendada, pero no siempre acertada. Aunque no sea víctima, sino simple testigo de esa repugnante acción.
          

2 comentarios:

  1. Deuteronomio 13:6-10

    "6 »Si tu propio hermano, o tu hijo, o tu hija, o tu mujer o tu amigo íntimo, te habla en secreto y te propone ir y servir a dioses ajenos que ni tú ni tus padres conocieron, 7 es decir, los dioses de los pueblos que te rodean, cercanos o lejanos, que hay de un extremo al otro de la tierra, 8 no aceptes su propuesta ni le hagas caso. No lo compadezcas, ni le tengas misericordia ni lo encubras. 9 Al contrario, dale muerte. Y el primero en levantar la mano contra él serás tú, y después de ti levantará la mano todo el pueblo. 10 Apedréalo hasta que muera, por haber intentado apartarte del Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, donde eras esclavo."

    Es palabra de Dios.

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  2. M e parece muy bien esa "palabra de Dios". , aunque no esté de acuerdeo con ningún Dios que pida la muerte para el prójimo y menos que sea uno el que lo ejecute y lapide El concepto que tengo de "mi" Dios se refiere a la misericordia, al pedón de las afrentas y al amor en el género humano. En no matar, pues lo considera uno de los más horribles pecados. El Dios vengativo, el del "ojo pior ojo", se lo dejo a los juidíos y a los áraves.- Y yo no ime considero judío, ni árabe. Yo soy pacifiista, me gusta hacer el bien y detesto ofender a los demás. Rezo a mi manera, como si hablara conmigo mismo y aunque muchos puedan "lapidarme", No me gusta la Biblia y la considero un texto agresivo, belicoso y vengativo. SDerá el liobro sagrado para muchos, para mi es una historia cuya lectura no siento que me beneficie. El Dios de los judíos no es mi Dios, aunque en el que yo creo, descienda de `pad5re y madre judía. Su doctrina y su mensaje nada tiene que ver con el de los sacrificios y las guerras que ñproc¡vocan dolor y muerte. Un abrazo

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