La bailaora Macarena Ramírez presentará el sábado “Espina” en el “Teatro Moderno”
La chiclanera estrena un espectáculo de danza flamenca, que representa un viaje íntimo donde el dolor se convierte en fuerza y las heridas en belleza.-
El Teatro Moderno será
escenario este sábado, 11 de abril, a partir de las 20,00 horas, del
espectáculo de danza flamenca Espina, protagonizado por la bailaora
chiclanera Macarena Ramírez, que presenta ante su gente un viaje íntimo
y universal, donde el dolor se convierte en fuerza y las heridas en belleza.
Las entradas, a precios populares, se encuentran a la venta en la taquilla del
teatro y en la plataforma www.tickentradas.com.
Tras su estreno el pasado mes de octubre en Puerto Real, en el marco de la IV Bienal de Flamenco de Cádiz, Jerez y Los Puertos, Macarena presenta en Chiclana un montaje que representa “la lucha interna entre la fragilidad y la fortaleza y la capacidad que tenemos de levantarnos y florecer. No hay ninguna persona en el mundo que no haya pasado por eso. Por eso creo que Espina más que un espectáculo de baile es una experiencia de la vida. Quiero que el público conecte con sus propias espinas”.
Nacida en 1992 en Chiclana, Macarena Ramírez lleva desde los 4 años bailando flamenco. A los 12 interpretó en el cine a una Lola Flores adolescente y comenzó a recorrer los escenarios internacionales con compañías como la de Antonio El Pipa y ahora, en su madurez artística y tras un parón de dos años, estrena Espina, su espectáculo más personal.
En la penumbra de un escenario desnudo, nace una mujer. Sus pasos son vacilantes, su respiración temblorosa. Dentro de ella, una espina invisible empieza a crecer: es el dolor, el miedo, la incertidumbre. Cada movimiento, cada suspiro, cuenta como la herida se instala. El tiempo se detiene; la luz apenas roza su silueta mientras el eco del cante profundo resuena, revelando su vulnerabilidad. Pero no se queda en la sombra. La espina, ahora visible, se vuelve arma.
La mujer se enfrenta a sus miedos: los pasos se aceleran, los brazos se alzan, el suelo tiembla bajo su fuerza. Las luces rojas y negras envuelven la escena, y el vestuario con espinas refleja su coraje. Cada giro, cada zapateado, es un grito de resistencia, una batalla con su propia oscuridad.
Finalmente, la mujer encuentra la luz. La espina ya no hiere: florece. Su cuerpo se abre al escenario como una flor, y el movimiento se vuelve fluido, liberador. Los colores iluminan el espacio, el cante se transforma en alegría y esperanza. La mujer ha atravesado el dolor, la resistencia y la liberación. Su historia queda tatuada en cada gesto, en cada mirada, en cada silencio lleno de emoción.






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