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Acosando a Grecia


Francisco M. Navas (colaboraciones).-

Aburridos como estamos de contemplar el panorama polĂ­tico nacional, merece la pena levantar un poco la vista y tomar conciencia de la realidad europea en la que vivimos, que tanto nos afecta a diario y sobre la que apenas reflexionamos. 

Europa representa una realidad inexorable que nos envuelve, en la que hemos decidido vivir, con la que compartimos proyectos de futuro y en la que hemos delegado parte de nuestra soberanĂ­a popular para, supuestamente, mantener y aumentar nuestro estado del bienestar.

En Europa siempre hemos coexistido dos realidades totalmente opuestas: el norte, que presume de laborioso, serio, ordenado, organizado, y el sur, al que se tilda (nosotros no presumimos de nada) de indolente, tramposo, desordenado y caĂłtico.

Sin embargo, cuando nuestros vecinos del norte nos invitaron a entrar en ese selecto club de poderosos, tras unos cuantos años de arduas negociaciones, desarrolladas magistralmente por Manuel Marín, no lo hacían por altruismo, ni por deferencia hacia los parientes pobres, ni por solidaridad: lo hacían porque económicamente seríamos más para comprarles sus coches, sus tornillos y su maquinaria, mientras ellos accedían a precios de risa a la inmensa despensa que supone nuestra agricultura y a un no menos despreciable mapa turístico que nunca habrían podido ni soñar.

PRODUCTIVO INGRESO EN EUROPA

El ingreso en Europa, precisamente en aquellos años de bonanza económica, nos supuso como país una inyección de subvenciones que mejoraron nuestras carreteras, nuestros cultivos y nuestra economía en general, mientras se edificaba sin medida y los especuladores florecían como setas.

Vino la crisis, propiciada por una banca usurera e insaciable a la que, cuando llenaba sus bolsillos a manos llenas nadie puso tasa ni pidiĂł explicaciones, y que cuando asomĂł el fantasma de la crisis y de las posibles quiebras, lejos de asumir sus responsabilidades financieras, tuvo que ser rescatada precisamente con el dinero que necesitaba el paĂ­s para no dejar en la miseria y el desamparo a casi seis millones de personas, como sucediĂł.

Pasamos de ser el milagro español a los apestados del sur de Europa, junto con Portugal y por supuesto, con Grecia. Al haber aceptado en su dĂ­a el euro como moneda, no pudimos devaluarlo y el dinero que pagábamos a los bancos alemanes sĂłlo unos meses antes al uno y pico por ciento pasĂł, de la noche a la mañana, a sernos ofrecido a más del seis por ciento, endeudándonos posiblemente hasta la eternidad. 

Todo este preámbulo no hace sino fijar de manera sucinta lo que ahora sucede con Grecia. No existe realmente un proyecto europeo de solidaridad. Existe una hipoteca permanente sobre los países más débiles económicamente por parte de los más poderosos.

BAJAR PENSIONES

Alemania, Inglaterra, Francia no pueden permitir que a alguien se le condone parte de su deuda por solidaridad y por el bienestar de su poblaciĂłn, tal y como reconocen los sucesivos tratados de la UniĂłn Europea.

Además, personas como Cristine Lagard, presidenta del Fondo Monetario Internacional, que se apresuró a poner dinero durante la crisis para cobrar sustanciosos intereses respaldados por los tesoros de los respectivos países, se atreven sin pudor a decirnos que hay que ser serios y que las deudas se pagan, mientras escupen un retahíla de consejos y enumeran una interminable lista de reformas que supondrán sumir en la miseria por décadas a los países endeudados.

En cualquier caso, a ella le da igual que Europa reviente, porque con su sueldo de 320.000 euros netos al año, unos 29.000 euros al mes, puede ir vestida permanentemente de Chanel mientras afea a los demás que desaprovechen las migajas del suelo para comer, o invita sin ruborizarse a los países endeudados a bajar pensiones de 400 euros.

GRECIA

Grecia ha cometido muchos errores en su pasado, se ha corrompido políticamente con muchos gobiernos, desde la derecha a la izquierda, gobiernos que han procurado su propio bienestar económico y que no han sabido o no han querido planificar adecuadamente una economía algo más austera, aunque más solidaria.

Se han plegado, como tantos, al imperio de la banca, y cuando a la banca le han venido mal dadas por su exceso de codicia, han tenido que pagar sus platos rotos, como nosotros, a base de crucificar a su poblaciĂłn.

El actual partido en el gobierno griego no es el culpable de la situación económica en el país, aunque le toca buscar soluciones. Y a estas alturas de la película que llevamos viviendo desde 2009, no sé yo si le convendría más a Grecia suspender pagos, dejar que la señora Lagard y los bancos alemanes, ingleses, franceses e incluso españoles se traguen el marrón de una quiebra, recuperar el dracma para poder volver a jugar con su moneda al alza o a la baja y pedir ayuda económica a Rusia, que siempre estará encantada de echar una mano a quien esté dispuesto a dar un bofetón de semejante calibre a esta Europa avariciosa e insolidaria.

Y ya puestos, empezar a poner peguitas, por ejemplo, sobre la construcciĂłn del gasoducto que pasará por su territorio y que calentará en un futuro prĂłximo a los alemanes entre otros, incluso a sus banqueros. Nosotros nos pusimos de rodillas, y cuatro años más tarde asĂ­ nos luce el pelo. Ojalá los griegos aprendan de nuestro ejemplo, y no se humillen más de lo necesario. Por su bien y por el nuestro.               

3 comentarios:

  1. ¿este navas quien es?

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  2. Una persona como tĂş o como yo, pero con las ideas claras.

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  3. Para mí fué un error entrar en el euro, pero creo que salir ahora sería aún peor.Grecia está ahora dentro de un corralito!! Y si vuelven al dracma, todos los ahorrillos que tengan los trabajadores y jubilados se quedarán casi en nada.Los ricos no pierden nada, porque el dinero lo tienen hace mucho tiempo en el extranjero.En España puede pasar lo mismo, el capital de los ricos puede que esté fuera, y lo que hay en aquí son los ahorros de toda una vida, que tienen los trabajadores y jubilados, que saben que con lo que le quede de pensión no podrán vivir.Esta es una opinón particular, y puede que esté equivocado, ojalá las cosas salgan bien para Grecia y para todos.

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