Morir en la calle y en su saco de dormir
Félix de la Fuente [colaboraciones].-
No se trata de la imagen que dan a los foráneos nuestras ciudades. No se trata de que unos hechos atraigan o no al turismo. Se trata de la pasividad actual de nuestra sociedad y, sobre todo, de los polĂticos. Y digo polĂticos y no autoridades, porque autoridad hace mucho tiempo que no la tienen aquellos que deberĂan tenerla.
Y no la tienen porque no se la han ganado y porque, con un sistema electoral más libre y más justo, el 90 % de ellos no saldrĂa elegido. Esto vale por unos y por otros. Y no pido que valga para los de izquierdas y los de derechas, pues son tĂ©rminos que deberĂan estar prohibidos. Media España odia a la otra media, incluso en unas fechas como las Navidades.
Que una persona muera en la calle envuelta en un saco de dormir es un bofetĂłn en toda regla a una sociedad que se dice democrática. Es una bofetada a España y a Europa. Ha sido una persona, pero podrĂan ser millares las que podrĂan morir diariamente en las calles de nuestras ciudades.
Que en la ciudad de Barcelona, en la plaza Villa de Madrid, se haya esperado a que se muera una persona para venir a recogerla, como si se tratara de un montĂłn de basura, es la imagen de unos polĂticos sin alma. No son mĂ©rito de nadie los hechos que atraen al turismo de Barcelona.
Su mar y su montaña están ahĂ, a pesar de los polĂticos, el Plan Cerdá ahĂ está, aunque la mayorĂa de los ciudadanos ni siquiera sepan quiĂ©n era Cerdá. La Sagrada familia no es tampoco obra de los polĂticos, sino algo exclusivo de GaudĂ. Recoger furtivamente de la calle el cadáver de una persona, es demostrar que para ellos los ciudadanos valen más muertos que vivos.
Miles de personas durmiendo en la calle no es respetar la libertad individual, es una vergĂĽenza para toda una sociedad. TambiĂ©n es una vergĂĽenza para todas las ONG que diariamente nos asaltan por la vĂa pĂşblica, tratando de despertar nuestra compasiĂłn “con los pobrecitos de tierras lejanas”, pero que no mueven un dedo por los abandonados de nuestras ciudades ni por prestarles ayuda material, psicolĂłgica o mĂ©dica.
Los defensores de la tan cacareada igualdad de gĂ©neros, no se preocupan lo más mĂnimo de la urgente necesidad de igualdad entre ricos y pobres, en cuanto a unos servicios mĂnimos. A un muerto en la calle envuelto en un saco de dormir hay que retirarlo, pero lo hacemos, no porque es o ha sido una persona, sino porque es un saco.






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