H a s t a s i e m p r e, L u i s
Hay despedidas que cuestan más que otras. Y esta es, sin duda, una de ellas.-
El Hospital Viamed BahĂa de Cádiz -y todo el equipo que forma parte de esta casa- se despide con una tristeza enorme de nuestro compañero Manuel Acosta Bustamante, al que todos conocĂamos como Luis. Ha sido parte de nuestra historia durante más de 30 años. De esas personas que no solo trabajan en un lugar, sino que lo construyen desde el primer dĂa.
EmpezĂł cuando era aĂşn el Centro MĂ©dico Chiclana y fue el primer fisioterapeuta del hospital, cuando todavĂa se estaba levantando lo que hoy somos. Desde entonces, su presencia se convirtiĂł en algo cotidiano y fundamental: una cara conocida en los pasillos, una mano siempre disponible, una palabra justa en el momento necesario.
Quienes tuvieron
la suerte de compartir dĂa a dĂa con Ă©l saben bien que Luis era, ante todo, un
gran compañero. Cercano, sencillo, con una calma que contagiaba y que daba
confianza. Siempre dispuesto a ayudar, a resolver, a echar una mano sin hacer
ruido. De esos profesionales que no buscan protagonismo, pero que se ganan el
respeto de todos sin proponérselo.
A lo largo de estos años, han pasado por el hospital cientos de fisioterapeutas y muchĂsimos aprendieron con Ă©l: en la forma de tratar al paciente, en cĂłmo hacer las cosas bien, en la importancia de ser constante y cuidadoso, en el valor de un gesto o una palabra cuando alguien lo necesita.
Luis compartĂa su experiencia con naturalidad, sin imponerse, y dejĂł una manera de trabajar que muchos se llevarán para siempre. Sus pacientes tambiĂ©n lo querĂan. TenĂa algo que no se aprende en ningĂşn manual: empatĂa, humanidad y una vocaciĂłn autĂ©ntica. Muchos llegaron a su consulta con dolor, con preocupaciĂłn o con miedo, y salieron sintiĂ©ndose un poco mejor, no solo fĂsicamente, tambiĂ©n por cĂłmo los trataba.
DEJA UNA HUELLA ENORME POR SU FORMA DE SER
Porque para Ă©l cada persona era importante y cada caso merecĂa tiempo y atenciĂłn. Pero Luis era mucho más que el profesional que todos admirábamos. En lo personal, fue un hombre profundamente familiar. TenĂa un hijo, y hoy es inevitable pensar en el vacĂo inmenso que deja una pĂ©rdida asĂ. TambiĂ©n vivĂa y cuidaba a su padre, al que estaba totalmente dedicado, con una entrega y un cariño que decĂa mucho de Ă©l.
Hablaba de su padre con orgullo y con pasiĂłn, como quien cuida desde el amor y el compromiso de verdad. Esa faceta suya, tan discreta y tan grande, lo definĂa. Luis nos deja una huella enorme. En lo profesional, por su trayectoria y su dedicaciĂłn. Pero, sobre todo, en lo humano: por su forma de ser, por el cariño que sembrĂł sin darse cuenta, por el espacio que ocupaba en el dĂa a dĂa del equipo.
A veces un hospital es un lugar de trabajo. Y otras veces es una familia. Luis era parte de la nuestra. Hoy solo podemos darle las gracias por todo lo que nos ha dejado: por su paciencia, por su forma de estar, por su compañerismo, por su ejemplo.
Descansa en paz,
Luis. Te vamos a echar muchĂsimo de menos.






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